
«Necesito un poco de aire, tal vez podamos vernos el próximo fin de semana».
Era un día muy ventoso, así es que Matías se alegró al pensar que probablemente Grisel estuviera lo suficientemente aireada el jueves, incluso. En el peor de los casos, volvería a llamarla el sábado, o tal vez el viernes. Teniendo en cuenta que la frase fue pronunciada un martes, cuarenta y ocho horas se cumplirían el jueves, 72 el viernes y 96 el sábado ¿Cómo transcurrirían esos días?
Existían muy pocas probabilidades de que el tiempo alterara su deseo, pero sí era probable que Grisel trastocara sus sentimientos. Tal vez el sábado no estuviera aiereada en absoluto y también podía ocurrir que el miércoles el ventarrón produjera algún milagro.
El asunto era el suspenso. Hasta el sábado viviría con esperanza y el domingo incluso, guardaría ilusiones. «El fin de semana», a fin de cuentas, incluye al domingo entre sus días… ¿Y después?
Comenzó a pensar que el viento podría provocar que Grisel se alejara para siempre. Rápidamente, bajó las cortinas y cerró los portones.

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