Muy mal mirado por sus vecinos, Esteban decidió acabar con sus problemas inmobiliarios.

Ya no más paredes frías, barrios suburbanos ni ambientes desocupados. Cansado de los perros de la cuadra, del recuerdo de Florencia y de la compañía de Soniette, Esteban tomó una decisión final.

Duerme ahora en las estaciones de subte, y dice sentirse feliz.

Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

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