El presidente, que busca su cuarto mandato, tildó de “mentiroso, miliciano y descalificado” al hijo del exmandatario, quien sorprendió al liderar la primera vuelta

BRASILIA.– Brasil llega al balotaje de este domingo con la elección más pareja desde el regreso de la democracia y con una certeza que nadie discute: gane quien gane, el país saldrá de las urnas partido por la mitad. El presidente Luiz Inacio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), que busca un cuarto mandato –el último, según dijo– dos días antes de cumplir 81 años, y el senador Flavio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), hijo mayor del expresidente preso por intento de golpe, llegan en un empate técnico que define la última gran batalla de una región que viene corriéndose a la derecha.
Ambos tuvieron este sábado su baño de multitudes. Flavio pasó por Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, el “estado péndulo” que suele definir las elecciones. “Ustedes tendrán un presidente que no les hace amenazas, que va a ser su socio”, dijo, en alusión a Lula. “Hay una tradición: quien gana en San Pablo y en Minas gana en Brasil”. Después cerró en Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, su cuna política.
Lula, que por la mañana encabezó un acto por la avenida Atlántica, en Copacabana, terminó el sábado en la avenida Paulista, en San Pablo. Allí se mostró “convencido” de la victoria y apuntó contra su rival: “Después de tantas campañas, jamás imaginé disputar una elección con un mentiroso, miliciano, descalificado como este muchacho”. Y planteó el dilema: “No es un hombre contra otro hombre, es el modelo de país que uno desea”.
En la primera vuelta del 4 de octubre, Flavio se impuso con el 47,03% de los votos válidos contra el 45,16% de Lula, unos 2,2 millones de votos de diferencia. Desde entonces, la brecha se fue cerrando: el Datafolha del sábado mostró un 51% a 49% a favor del senador de derecha en votos válidos, después de haber marcado 52-48 al inicio de la segunda vuelta y un 50-50 el jueves último. La última encuesta de Quaest, difundida también horas antes del balotaje, también arrojó un resultado de 51-49, dentro del margen de error de dos puntos.
Según O Globo, estos dos puntos representan la menor diferencia entre los candidatos de un balotaje antes de las elecciones en 20 años.
Un sondeo de AtlasIntel mostró un escenario aún más parejo, pero fuera del margen de error, de un punto en el caso de esa consultora: Flavio Bolsonaro suma 50,8% de los votos válidos y Lula, 49,2%.
Flavio Bolsonaro, de 45 años, construyó su ventaja como el candidato del “cambio” frente a un gobierno desgastado, con la promesa de un “tijeretazo” de impuestos y mano dura contra el crimen. Tras la primera vuelta sumó el apoyo de Augusto Cury, Ronaldo Caiado y Romeu Zema, que reunieron unos 6,3 millones de votos, y de buena parte del “Centrão”, el bloque de partidos que define las mayorías en el Congreso. También intentó moderarse: en el último debate llegó a pedirle disculpas a Lula por haberlo llamado “nueve dedos”. Pero las contradicciones de su programa y los escándalos lo pusieron a la defensiva.
El senador llega a la votación con dos investigaciones en curso en el Supremo Tribunal Federal (STF). La primera, a cargo del juez André Mendonça, indaga el pedido de 134 millones de reales (unos 27 millones de dólares) al banquero preso Daniel Vorcaro, del Banco Master, para financiar Dark Horse, una película sobre su padre. La segunda, en manos de Alexandre de Moraes, investiga presunto lavado de dinero en su relación con el abogado Willer Tomaz, amigo íntimo del candidato.
Luego de un cachetazo inesperado el 4 de octubre, Lula logró reponerse y recuperar el control de la agenda. El gobierno aprobó el fin de la escala laboral 6×1 –seis días de trabajo por uno de descanso–, anticipó el pago de un reajuste del 15% para el subsidio Bolsa Familia y lanzó un alivio de deudas, medidas que la oposición tachó de electoralistas. Además, una movilización digital y callejera inédita –el canal de WhatsApp “Ejército de Lula”, con más de 10 millones de inscriptos, y actos masivos– inyectó ánimo a una militancia que sueña con una remontada difícil. También mejoró la imagen del gobierno en los sondeos.
La campaña dejó, además, una herida institucional, con una participación inédita de la justicia en la contienda. El Tribunal Superior Electoral (TSE) quedó envuelto en una guerra de decisiones cruzadas después de que su presidente, el juez Kassio Nunes Marques –designado por Jair Bolsonaro–, suspendiera a pedido de Flavio el canal “Ejército de Lula”, medida que otros jueces revirtieron.