
Cinco años después de haber sido abandonado por Esperanza, Esteban no había logrado superar la separación.
Una noche deambulaba por la ciudad. Tuvo una serie de episodios desafortunados con algunas jóvenes hasta que encontró un teléfono público. Totalmente conciente de lo que hacía, se acercó hasta el aparato y discó el viejo número de teléfono que compartía con esa mujer.
Preguntó por ella presumiendo una respuesta de ignorancia, ya que distintos inquilinos habían ocupado el departamento desde que sobrevino el trágico desenlace. Sorpresivamente, una voz desconocida le contestó que Esperanza «en ese momento no estaba».
Esteban cortó inmediatamente. Supo que sus ideas no eran absurdas y que podía seguir esperándola. Tal vez había ido a comprar tallarines y se había demorado algo.
Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

Comments are closed.