¿Cómo podía imaginar que se aparecería en cada rincón de la casa? ¿Cómo fue que se mantuvo? ¿Cómo soportó tanto tiempo escondida entre el tercer y el cuarto cajón del armario?

Se atrevió a olvidar una pulsera detrás de aquella montaña de zapatos que nunca vino a buscar. Yo veía y convivía con los zapatos, pero nunca con esa pulsera, ni con esa carta, ni con esa foto. Vivía también con el cepillo de dientes, los cuadros, las cremas y los perfumes. Allí fue sincera, porque con esos rastros me demostró que había partido y que probablemente no volvería…

Pero fue muy deshonesta al quedarse escondida: estuvo espiándome y jugó con mi intimidad. Sólo con esta mudanza entiendo el simulacro. Sólo ahora comprendo hasta dónde fue capaz de llegar.

Ahora te abandono yo, pero no podría engañarme: llevo una buena parte tuya dentro de la valija.

Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

Comments are closed.