Pensé que esa mirada merecía un cuento, y decidí imaginarlo. Claro que poco puede decirse acerca de su movimiento de ojos, a pesar de lo que hayan provocado.

Sólo un manojo de ropa en sus manos, el delantal blanco, las sandalias marrones y el alma desnuda.

La vida puede pagarse por estar bajo esa mirada, y yo agradezco haber sido el blanco.

Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

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