
Habiendo presentado esta semana a los 9 lectores entrevistados por nuestro Blog (Ver Aquí) ¡es hoy el turno del décimo!
Se trata de Federico Iglesias, nacido en la localidad de Lanús hace cuarenta y dos años, pero criado en San Clemente del Tuyú.
«También viví en Mar del Plata algunos años. En octubre de 2012 me mudé a Villa Gesell y desde entonces estoy acá. Gran parte de mi vida ha transcurrido cerca del mar».
- ¿En qué zona de la ciudad vivís actualmente?
- «Vivo en la zona del Polideportivo Municipal junto a mi hijo y a mi gata. También estuve muchos años instalado en Barrio Norte, y un tiempo cerca de la Plaza Carlos Idaho Gesell».
- ¿Qué fue lo que te decidió a trasladarte?
- «Me trajo a Villa Gesell un poco el nacimiento de mi sobrina; en ese momento yo estaba en Buenos Aires, estudiando para ser Marino Mercante y me estaba por volver a San Clemente. Mi hermano ya se había venido a vivir a Gesell unos meses antes y cuando viajé a conocer a mi sobrina surgió también la posibilidad de armar un negocio juntos así que esa propuesta terminó de inclinar la balanza a favor de venirme a Gesell; dejé el curso de marinero, del que sólo me faltaba rendir el examen de remo, y me mudé para acá».
- ¿Qué trabajo llevás adelante en Villa Gesell?
- «A partir de ese momento me dediqué a trabajar en el comercio; con mi hermano tuvimos juntos un negocio vinculado al rubro de la limpieza y a principios de 2026, después de casi quince años, decidimos separarnos. Así que en la actualidad me encuentro en un periodo de transición y también de reordenamiento y de surgimiento de ideas, y todo esto como resultado del gran cambio que implicó el haber dejado una actividad laboral después de mucho tiempo».
- ¿Qué es lo que más te gusta de la ciudad?

- «De Gesell disfruto principalmente de la naturaleza y de ese ensamble de paisajes que ofrece. Puedo perderme una tarde en el bosque siguiendo el canto de los pájaros, entre los árboles, los aromas y la vegetación o también puedo buscar un escape más rural cuando agarro la bicicleta y pedaleo el trayecto que conecta a la entrada norte con el aeropuerto. Me gustan las librerías, los cafés, el cine y ese espíritu artesanal que tiene Villa Gesell, intuyo desde casi sus inicios, vinculado al arte, a la meditación y a una tradición musical y cultural que no siento del todo perdida y a la que intento rescatar, al menos con mi mirada, mientras la urbe se sigue expandiendo y se puebla cada vez más densamente, con lo bueno y también con lo malo que eso conlleva. Y todo esto, nada más y nada menos, frente a la playa; con sus cálidos silencios de arena y sol; con el salvaje e indomable rugido del mar; con los secretos perdidos del viento y la sal».

- ¿Y lo que menos?
- «Todo lo que atenta contra ese mundo natural me desagrada y me aleja; sea en Gesell o en cualquier otro lugar del planeta. Mi forma de observar la realidad siempre es crítica, pero ante esa amenaza, que es evidente, mis armas son dialécticas. De alguna manera siento que también desde ese lugar se contribuye y que se asume irremediablemente un posicionamiento que es político, sea escribiendo o charlando con un amigo o con una vecina, y con esto no me refiero necesariamente a sostener una mirada partidaria. Estoy hablando de puntos de vista sobre nuestra ciudad que en definitiva forma parte del mundo que habitamos; me refiero más a una noción de ideales y no tanto de ideologías. Escribo textos, en ese sentido, que se gestan desde un lugar que es propio, quizás íntimo, a veces simbólico y generalmente ficcional; básicamente es lo que me sale; pero todos se nutren siempre con

- elementos que provienen del universo poético. Puede haber arte pero en definitiva es un canal de expresión y por ende es una práctica que puede volverse terapéutica. Siento que escribir es una forma de sostener el estado de animo y de cultivar una fuerza que está ligada al sentido propio de una esperanza. Creo en la preservación de ese espíritu y en los lazos que nos vinculan como seres humanos desde el cuidado y desde el amor. El futuro que se nos viene no me resulta alentador, tengo pocos indicios que me ayudan a sostener mi fe pero los suficientes como para, desde algún lugar, poder librar una batalla. El camino contrario al proceso de deshumanización que estamos viviendo creo que está en empezar a reconectar esos lazos desde una expresión humana, genuina y profunda, menos superficial; más cercana al alma que a los algoritmos».
- Nos comentas que te gusta escribir… ¿Te formaste en algún sitio para hacerlo o sos audidacta? ¿Escribís poesías, cuentos o novelas?
- «Mi vínculo con la escritura nace primero como una continuidad de mi vínculo con la lectura que a su vez supongo que parte desde un lugar común en el que pudieron estar muchos chicos y chicas de mi generación en algún momento de su infancia que es el aburrimiento. Es decir, qué se puede hacer cuando uno es chico y está aburrido porque llueve o hace frio y no puede ir a una plaza o a la vereda o ya se cansó de la mayoría de sus juguetes. Entonces ahí aparece el libro; si es que uno cuenta con la suerte de que haya libros en la casa. En mi caso había algunos; la primera novela que tengo recuerdo de haber leído completa y siguiéndola todos los días un poco y usando un señalador fue Shunko de Jorge Ábalos. Me acuerdo de meterme en la piel de ese nene que hablaba en quechua, ese maestro en esa escuelita rural de Santiago del Éstero y de sentir el calor, la tierra en las patas de Shunko, de verlo correr y de imaginar esos paisajes áridos en una provincia de la cual no tenía más registro que el nombre. Me acuerdo de ese libro como el primero que me produjo una conexión fuerte con ese proceso mágico que tiene la literatura de permitirnos mirar con los ojos de un otro y de sumergirnos en una historia a través de páginas escritas que nos proponen un viaje guiado por el pulso de nuestra imaginación. Después aparecieron las novelas policiales de Agatha Christie, que eran los libros que leía mi mamá y paralelamente también apareció la música en mi vida, que era otra forma de leer, de imaginar y de seguir historias que también estaban construidas con palabras, con frases y con elementos que provenían de la poesía».
- «De alguna manera ahí se empieza a gestar ese deseo de escribir; de narrar historias, de escribir un cuento, de expresar lo que sentía a través de una poesía o de la letra de alguna canción. Lo hice siempre de manera autodidacta hasta que empecé a estudiar Periodismo (me recibí en DeporTEA) y posteriormente Letras. Esa formación me acercó un universo de lecturas por un lado agobiante en su vastedad y por otro muy estimulante, que al mismo tiempo me hizo desarrollar principalmente el deseo de escribir y de ir encontrando formas e ideas para narrar o redactar. El resto siento que es experiencia de vida, de lectura e imaginación; a escribir siento que se aprende escribiendo y que en la práctica de ese ejercicio se puede llegar a desarrollar un estilo. Yo nunca publiqué nada porque siento que lo que hice todo este tiempo fue trabajar en mi estilo y encontrar siempre una razón que motorice mi escritura. Y creo que todo parte desde ahí; escribo si tengo algo para decir que siento que vale la pena y que puedo hacerlo con mis palabras».
- «Tengo muchos proyectos literarios inconclusos, un par de cuentos que he presentado en algún concurso y muchos archivos que fui acumulando en todos estos años con poesías, intentos de ensayo y otras formas literarias. La verdad es que como suele suceder muchas veces, el pudor o la falta de confianza en mi material hizo que casi todo siempre quedara resguardado y que a la lectura de esos escritos sólo accediera ocasionalmente algún amigo, algún familiar cercano o alguna novia. Hace muchos años que también trabajo, un poco condicionado por la cantidad de caracteres que permiten las redes sociales (Facebook principalmente), en unos textos breves que a veces resultan como ensayos, algunas como reflexiones y muchas otras como cuentos. Actualmente, y valiéndome de este propicio momento en el que circunstancialmente me encuentro con mucho tiempo, estoy escribiendo por primera vez una novela; veremos hacía donde me lleva, por lo pronto, intuyo que tengo para muchos meses de escritura, relectura, pensamiento, constancia y dedicación. No creo que haya fórmulas mágicas; siento que en este sentido el proceso de escribir es sencillo y trágico al mismo tiempo; y es muy similar a cuando uno se mete a nadar en el mar. Pocas actividades nos pueden resultar más fascinantes, liberadoras, y al mismo tiempo peligrosas y caóticas; de alguna manera nada se parece más a la orilla del mar que una hoja en blanco; nada se asemeja más a un texto que la misteriosa profundidad de un océano«.
¡Publicaremos los próximos días esos textos de Federico para que los pueda conocer todos nuestros lectores!
Alejandro Puga

