
Florencia —una vecina del barrio suburbano de Esteban— está creciendo rápidamente. La niña desarrolla velozmente sus ideas y comenzó a formar un nuevo grupo de amigos.
El barrio la mira entrar y salir de su casa, mientras la joven adquiere nuevos derechos y obligaciones. Desarrolla estas actividades con vestidos floreados que dejan ver sus piernas floridas y remeras blancas que no pueden ocultar el crecimiento de sus formas.
Su madre se preocupa por el gasto que le provoca el permanente reemplazo de corpiños y el zapatero se inquieta cuando Florencia le pide que la mire caminar con un nuevo calzado. El verdulero le regala manzanas, el remisero espera que le solicite un viaje y la costurera envidia sus caderas. Todos miran sus idas y venidas, sueñan con sus deseos y desean ser parte de su sueño.
Florencia creció, y el barrio se está perturbando.
Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

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