
- ¿Nombre?
- «Grisel»
- ¿Edad?
- «Veintipico»
- ¿Profesión?
- «Atajadora de platos»
- ¿Cómo?
- «Sí, atajo platos»
- Explíquese un poco…
- «No es ninguna ciencia. La gente es habitualmente muy nerviosa: grita, golpea paredes y revolea platos. Los psicólogos intentan que la gente no grite, la policía evita golpear impúnemente y yo me encargo de atajar los platos revoleados antes de que estallen contra el suelo y se rompan definitivamente. No busco crear ninguna especialidad, sólo describo mi función y el medio con el que me gano la vida».
«Mis métodos para alcanzar los platos arrojados son muchísimos. Miro la cara de los transeúntes, hago futurismo y atiendo sus mesas en los bares. He fabricado, incluso, un localizador de platos en vuelo».
«Agotados estos métodos repongo la rotura final del último plato, invento motivos para que el propietario se arriesgue a comprar vajilla nueva o canto —finalmente— tangos que puedan acariciarlo».
Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

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