
como marco
Yamila Cespi (47) nació en Banfield, provincia de Buenos Aires, y actualmente vive y trabaja en Monte Grande.
Visita Villa Gesell con regularidad desde sus 13 años. “¡Toda una vida!”, nos dice. “Camino por la Avenida 3 con los ojos cerrados y sé dónde está cada uno de los locales”, agrega.
“Mi familia tuvo siempre departamento en la ciudad, en un comienzo en 130 y 2, muy cerca del muelle, y ya desde algunos años frente al ex acuario, en Paseo 139. Es una propiedad de la familia y nos vamos turnando para ocuparla. Mis padres durante el año van poco, pero yo sí, amo Gesell en invierno”.
Sabemos que sos una apasionada de la fauna marina… ¿Cómo surgió ese interés en tu vida y cómo conjuga con ello Villa Gesell?
- “Yo tenía 12, 13 años, y los lectores de mi edad recordarán la novela ´ Nano ´ de Gustavo Bermúdez, donde todo transcurría en un oceanario. Un mundo mágico, alucinante, me deslumbró y creo que ahí comenzó mi amor por las orcas. A los 14 me hice yo misma, me cocí, una orca gigante del tamaño de mi cama».

- “Fui muchas veces a Mundo Marino, a los 15 ó 16 años, me levantaba temprano, me iba a la ruta, tomaba el micro frente a ´Disco´, visitaba el lugar y me volvía a Gesell. Hasta que gracias a Dios, hará unos 20 años, un día lo vi a Kshamenk salir (se refiere al macho de orca rescatado en 1992 que vivió en el lugar durante más de 33 años, hasta que falleció a fines del año pasado) empecé a llorar, llorar y pensé… ¿Qué estoy haciendo aquí? Allí entendí que estos lugares no protegen, no conservan, no educan, que el cautiverio no es nada de lo que a uno le hacen creer cuando es chico. Me dije ´no, no más´. Y nunca más lo pisé».
Yamila es profesora de nivel inicial en Monte Grande, con 23 años de antiguedad. «A la mañana trabajo como Seño en Sala de 5, y a la tarde estoy como preceptora en un Jardín«.

«Trato de transmitir a los niños mi amor y mis ideas de protección a la fauna marina. Y busco que los nenes vayan creando sus propias reflexiones en cuanto los lugares donde deben permanecer estos animales. Y creo que hoy hay otra conciencia con relación a todo esto».
«La mejor forma de proteger y conservar no es reteniendo en un espacio que no es natural. No es natural que un animal que tiene que nadar libremente en el mar tenga que vivir en una pileta de concreto girando y girando. Y así murió la orca Kshamenk, para mí fue muy triste «
«Con el paso de los años fui buscando el porqué de mi atracción por el océano, y descubrí que esto se lo llama talasofilia: es un amor intenso, una muy fuerte conexión emocional con el océano. A mí me ocurre eso: yo voy en Gesell y —sea invierno o sea verano— todos los días dos o tres horas a caminar por la costa. Y me ha pasado de encontrarme lobos marinos, pinguinos, delfines, tanto vivos como muertos. Nunca he podido ver orcas, que lo que a mí más me apasiona. Lo hago actualmente muchas veces con mi novio Guille. Entre el verano y el invierno, yo elijo la playa lo más natural posible ¡Y en invierno sólo escuchás el sonido de las gaviotas y del mar! Y la bruma, y la brisa, definitivamente prefiero el invierno, aunque a veces sea muy crudo».

«Me encanta ir a pescar, lo hago mucho con mi papá, ya tenemos nuestro lugar preferido en el muelle. Vamos a las 6 ó 7 de la tarde y hemos incluso amanecido sobre el mar. Hemos pescado de todo: rayas, lisas, pejerrey, cornalitos y lenguado. Igual el océano está cambiando, ya no es fácil pescar tanto. Habría que preguntarse porqué y es muy triste, por ejemplo, ver los barcos pesqueros tan cerca de la costa. Están ´ahí´, y ello sin duda repercute en la fauna que tenemos. También he encontrado este año muchos pinguinos y lobos marinos muertos sobre la arena. En muchas ocasiones la gente de zoonosis me ha convocado y he cuidado animales varados, especialmente en verano, cuando la gente se acerca».
- ¿No es algo contradictoria la práctica de la pesca con tus acciones de protección de la fauna marina?
- «Bueno, hay muchas posturas con respecto a la pesca. Yo como pescado y fui toda la vida a pescar. Soy carnívora, lo he consumido toda mi vida».
Se describe como “apasionada por el mar, por su fauna y por Villa Gesell, que es mi ´lugar seguro´ en este mundo”. Actualmente, disfruta mucho de caminatas de hasta Cariló con su novio Guille, «que me acompaña en toda esta pasión».
A.P.
