Esteban cree que un día va a estallarle el corazón. Y no va a estallarle en forma figurada, sino literalmente.

En tren de buscar motivos, el muchacho del barrio suburbano duda que el estallido sea provocado por una «pena de amor», alguna bronca o un exceso de presión arterial. Serán muchos desengaños, muchas broncas y una hipertensión arterial sistemática los desencadenantes.

Pero lo más importante del caso no será el motivo, ni la muerte, sino el carácter literal de la palabra ´Estallar´.

La ferocidad de la explosión hará inútil cualquier estrangulamiento arterial para frenarlo. El líquido rojizo saltará por su nariz, por sus orejas, su pene y su ombligo, en un principio. Su cabeza se deshará segundos después.

¿Puede comprenderse ahora eso de mantenerse alejados?

Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

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