Matías cree que la vida comenzó a sonreirle. Siente un extraño regocijo en su corazón y el cigarrillo lo acompaña en forma especialmente placentera.

Ya no son las camareras cariñosas frente a sus noches desarmadas. Ahora es la piel, la sonrisa cerca de su boca y el cuerpo que parece estremecerse.

Lo cierto es que se está estremeciendo y tal vez sea ése el motivo de su temblor. El miedo está bajo la almochada, pero Matías ha decidido arriesgarse.

Las cartas están jugando a su favor y no debería permitir que la suerte se volcara en su contra, para terminar perdiendo la partida. Tendría que analizar los pasos en falso y —por un momento— poner la honestidad sobre la mesa.

Ha llegado al éxtasis, después de tanto tiempo, y ruega que no acabe.

Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

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