
«Vos vas a saber encontrar el punto»
Luciana miró sus ojos y pronunció esta frase cuando Gonzalo le preguntó hasta dónde disfrutaba de su compañía. El muchacho la saludó y le pidió tres o cuatro meses para meditar su respuesta. Es que todavía no logra comprender lo que quiso decirle.
Luciana siempre se caracterizó por su movimientos de cintura y desde muy chica supo amagar el destino. En esta encrucijada atrapó a Gonzalo, quien todavía no pudo descubrir el camino de regreso.
El día en que la conoció, por ejemplo, Luciana se atrevió a sonreirle con los codos. Se deslizó con habilidad entre sus ideas, amenazó suavemente con ofrecerle cariño, lo acarició a la distancia y lo enredó entre sus vaivenes. Transcurrieron algunos años hasta que hoy, finalmente, Luciana le refiere ese punto. El muchacho espera que no se trate del punto final, pero teme todavía más a otro: el punto de la encrucijada.
Es la encrucijada de sentarse eternamente a leer el diario frente a la heladería que atiende, mientras mira su endemoniada cintura. Necesita entonces que Luciana haya hablado —sin que su torpeza le permitiera descubrirlo— del punto A, el punto V, el punto D o el punto M: la Alegría, el Valor, el Deseo o el Misterio —incluso— podrían ayudarle.
Luciana amagó otra vez y supo dejarlo esperándola. Es que se han logrado tantos dibujos sumando puntos que hoy —todavía frente a las dudas— Gonzalo se alegra por la respuesta.
Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

1 Comment
Pingback: «Después de la Tormenta», Alejandro Puga, 1999 – El Blog de Gesell