
Puertas que no pueden abrirse, ventanas imposibles de correr. No hay pasillos, escaleras ni cobertura social.
Hay lugar para la tensión, la ambiguedad, la destreza, la alegría y el llanto. Para la posibilidad y el cuerpo, para el miedo y el deseo. Esa sensación de haber vuelto después de un largo viaje.
La habitación es desconocida pero, a fin de cuentas, sigue siendo una habitación como todas.
Y mientras Matías espera, piensa en la manera de abrir alguna puerta, salir al campo y olvidarase finalmente de las habitaciónes ¿Podrá lograrlo?
Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999

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