
Como ya nos está acostumbrado Federico Iglesias (Conocelo Aquí), se presenta hoy domingo con un nuevo escrito en nuestra Web.
Publicó ya «El Amor después del Amor», «Lo Hallado» y «La leyenda familiar del zorro gris» en este Blog.
Hoy, su cuarto texto, que lleva por título «Dos que se leen»
¡Esperamos tu interpretación de estas líneas al pie, en los ´Comentarios´!
«Esa primera tarde fui al café a hacer tiempo. Fui también a merendar y a buscar, en las páginas de la novela, una pulsión que me conecte con la escritura, que me alivie ese añejo sabor a ruptura; que pueda quizás ayudarme a transformar un vacío creativo, en idea y materialización. Antés de irme, marqué el libro con un señalador y lo volví a colocar en el mismo estante del cual lo había tomado prestado. Después pagué el café con leche y las medialunas, me tomé el vasito de agua, saludé a la moza y me fui al taller de escritura a ver con qué me encontraba».

«Al libro podría haberlo comprado o podría haberlo seguido por internet, pero decidí leerlo así; volviendo cada tanto al café con leche frente al mar; al silencio y los tiempos de estar en otro lugar, a la calidez que a veces me habita en la soledad. Cada vez que volvía, mi señalador estaba ahí; en el mismo lugar donde yo lo había dejado, marcando la página que había leído con mi último café. Y así fue durante algunas semanas, hasta el día en que la conocí».
«Esa última tarde, como siempre, entré al café, hice mi pedido y me fui derecho a buscar el libro en el mismo lugar donde siempre lo dejaba y donde siempre volvía a estar. Me faltaba el último capítulo, el que cerraba la historia, pero el libro no estaba; lo busqué en todos los estantes y no apareció. Me senté junto a una ventana a esperar mi café con leche y me preguntaba qué había pasado con el libro; si alguien lo habría robado o por qué, tan misteriosamente, había desaparecido. Me quedé un rato en silencio, merendé y pedí la cuenta con cierta desazón. En el ticket que me trajo la moza ví mi nombre escrito; leí también dos oraciones que me llenaron el alma de intriga y emoción. Decía, bajo el importe a pagar: ´Yo tengo el libro que vos estás buscando. Si me invitás un café te lo devuelvo y prometo no contarte el final.»
Federico Iglesias
