Sumariado por sus desajustes registrales, sus depósitos fuera de término y el nefasto estado higiénico de su oficina, Roberto Etchenagucía se alejó si reproches de la vida administrativa. Cansado de las novedades informáticas y de las dificultades normativas, Roberto se internó a vivir la soledad de la selva misionera. Alojado en una humilde cabaña jesuita, nuestro desafortunado ex-funcionario se reencontró con su gran pasión juvenil: la literatura de aventuras. Imaginó entonces una historia que su amigos más íntimos consideraron fantástica: se trataba de una novela futurista donde las cataratas del Iguazú escondían bajo sus aguas una siniestra central de computadoras, utilizada para encarcelar a los opositores del régimen dictatorial que gobernaba el noreste argentino. Pero el problema llegó cuando Roberto intentó editar esa novela (que amenazaba con convertirse en un best-seller). Ocurre que Etchenagucía —aunque ilusionado— no tenía los contactos apropiados, y terminó acercando sus manuscritos a la Editorial Evadan,…
Los Encargados de Registro acostumbran quejarse sobre las inspecciones, verificaciones y auditorías que deben atender. Dicen que son demasiadas y que algunos funcionarios se…
Más allá de los conocimientos del Encargado y la aplicación que ponga en su función administrativa, gran parte del éxito que alcance un Registro Automotor…
Mi larga trayectoria vinculada a la registración de automotores me ha impulsado a escribir esta líneas. Me permito aportar parte de mi experiencia todos…
«El 24 de diciembre pasado debí concurrir a un Registro Automotor para realizar un trámite que creí sin importancia. Me preparaba para soportar una larga…
