Al dejar su cuarto de pensión, Esteban se mudó hacia un cementerio suburbano. Cuando llega a su nueva casa respira profundamente, siente el aire suave en sus pulmones y sus ojos reflejan el verde de las arboledas. Estaciona su auto con comodidad, saluda gentilmente a las parejas que pasean sus pequeños hijos y pide al almacenero que le fíe queso y pan porque —explica— «me quedé con la heladera vacía». Los perros de la cuadra que habita se alborotan al escucharlo llegar, ya que la zona es muy silenciosa y pueden reconocerlo. Abre la puerta de su casa y se prepara para dormir en paz, sobre el mullido colchón blanco. Sin embargo, los latidos de su corazón no indican nada alentador, la desesperación estalla, Esteban sale a la calle y cierra bruscamente la puerta. Toma su auto y —a medida que devora kilómetros— siente ser un náufrago a punto de…
La mayor equivocación de Esteban consistió en cambiar el lugar donde vivía —esa vieja pensión que ocupaba desde que voló su departamento—. Las cañerías…
Esteban —ese hombre que un día decidió romper las reglas y acabó con su departamento— pensó que había llegado el momento de mostrar el…
Sumariado por sus desajustes registrales, sus depósitos fuera de término y el nefasto estado higiénico de su oficina, Roberto Etchenagucía se alejó si reproches…
Los Encargados de Registro acostumbran quejarse sobre las inspecciones, verificaciones y auditorías que deben atender. Dicen que son demasiadas y que algunos funcionarios se…
