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Soniette —así quería que la llamaran— administraba un prostíbulo en la calle Sin Retorno. Esteban concurría asiduamente al lugar, y se sintió emocionalmente muy ligado a las trabajadoras del establecimiento. Así fue como siguió recorriendo prostíbulos, y en todos encontraba algo confortable, algo similar a las ´oficinas´ de Soniette. Nunca supo de qué se trataba ni qué motivo le atraía al fango, pero jamás se sintió fuera de esas vaginas sin dueño. Siguió recorriendo su vida, hasta que día llegó la luz, frente a mujeres que le sembraban jardines desleales y le tendían cortadas abiertas. Sólo las amigas de Soniette jugaban mostrando las cartas. Ponían reglas, establecían límites y a veces —incluso— alegraron la vida de Esteban ofreciéndoles rosas amarillas. Una noche de verano Esteban llamó a Soniette, como acostumbraba a hacer siempre que necesitaba sentir a alguien cerca. Y no se trataba únicamente de la soledad. Un repaso por…

Sobre el mostrador que utilizaba Luciana para entregar helados, dicen haber encontrado un carta de Gonzalo. «¿Que si te quiero? No preguntes tonterías, por…