Es como si sintiera nostalgia de colores y de olores. Me es difícil recordar su piel o su cariño, pero hoy presiento aquellas baldosas de las buenas épocas. Ahora puedo describir el lugar de cada cosa, distinguir el olor de cada planta. Siento una extraña sensación de placer y de conformidad. Un aroma que sabe a seguridad y a alegría. Rememoro la humedad del invierno, el chaleco del otoño, la taza gris y la frazada blanca. Aparece un cigarillo, un café con miel y —Dios— ya comienzo a sentir tus besos. ¿Qué hará ella ahora? ¿Llorará alguna tarde, mentirá al despertarse? Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999
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