Esteban vuelve insistentemente al barrio donde convivió con Esperanza. Sin que nadie se entere come y lava allí su ropa. Hace las compras en los mismos supermercados que juntos recorrían y pidió una Visa para poder entrar y salir de estos lugar cuando lo desee. Sin embargo, nunca se aleja inmune. Cuando llega a su cuarto de pensión y se recuesta en su cama estrecha, puede ver una profunda herida atravesando su pecho. No lo asusta, porque sabe que ese tajo se irá agrandando. Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999
Me tuve confianza. Para estar con ella abandoné a mi mujer, sufrí la ausencia de mis hijos y me gané el desprecio del almacenero.…
Finalmente, Luciana besó a Gonzalo. Es verdad que se sintió un poco obligada por las circunstancias, pero eso no desmerece el gesto. Fueron, a…
Soniette —así quería que la llamaran— administraba un prostíbulo en la calle Sin Retorno. Esteban concurría asiduamente al lugar, y se sintió emocionalmente muy…
Es que llegó la tristeza, pero no llegó el límite. Ocurre que Gonzalo siguió concurriendo a la esquina sudeste, a pesar de que Luciana…
