Matías cree que la vida comenzó a sonreirle. Siente un extraño regocijo en su corazón y el cigarrillo lo acompaña en forma especialmente placentera. Ya no son las camareras cariñosas frente a sus noches desarmadas. Ahora es la piel, la sonrisa cerca de su boca y el cuerpo que parece estremecerse. Lo cierto es que se está estremeciendo y tal vez sea ése el motivo de su temblor. El miedo está bajo la almochada, pero Matías ha decidido arriesgarse. Las cartas están jugando a su favor y no debería permitir que la suerte se volcara en su contra, para terminar perdiendo la partida. Tendría que analizar los pasos en falso y —por un momento— poner la honestidad sobre la mesa. Ha llegado al éxtasis, después de tanto tiempo, y ruega que no acabe. Alejandro Puga, «Después de la Tormenta», abril de 1999
Hace ya como un año que Grisel dejó de cantar tangos y de atajar platos. Son las once de la noche y Matías está…
El plato es apetecible. Pero el amarillo de los tallarines y el rojo de la salsa esconden un verdadera trampa. Matías enrosca algunos fideos…
«Vos vas a saber encontrar el punto» Luciana miró sus ojos y pronunció esta frase cuando Gonzalo le preguntó hasta dónde disfrutaba de su…
«Necesito un poco de aire, tal vez podamos vernos el próximo fin de semana». Era un día muy ventoso, así es que Matías se…
